La alta demanda por la madera melina en la industria forestal de Costa Rica no es un fenómeno reciente, pues se trata de un esfuerzo gigantesco que empezó hace varias décadas.

Hasta mediados del siglo pasado, la tala indiscriminada de los bosques del país amenazaba el futuro de la industria, pues las políticas de reforestación eran escasas y el desarrollo sostenible muchas veces pasaba a un segundo plano.

Entre los años 1970 y 1975, el sector forestal de la mano del gobierno y empresarios privados, empezaron a introducir la especie Gmelina Arborea en las plantaciones y bosques del país.

Este proceso de reforestación comercial fue un éxito total, pues a inicios del presente siglo, en Costa Rica existía al menos el 15% del área plantada con árboles de melina… y si se toma en cuenta la superficie del país, es un porcentaje importante.

Con este volumen de madera melina listo para ser producido y comercializado, inmediatamente se observaron cambios en la industria: los aserraderos debían adaptar sus herramientas y maquinarias para procesar las trozas de menor diámetro y de esta manera, aprovechar completamente el árbol.

Pasado, presente y futuro de la madera melina

En los primeros años de la industrialización de la madera melina, se pensaba destinar la producción de materia prima hacia el sector papelero y como fuente de energía a leña.

Sin embargo, pronto se dieron cuenta que no estaban dadas las condiciones para lograr un balance en el mercado, es decir, en palabras cotidianas: había mucha madera y poca demanda.

De igual manera, el sector energético tampoco demandaba madera melina, pues a su bajo nivel calórico se le sumaba que apenas el 5% de los hogares en Costa Rica consumían leña.

Después de años de esfuerzo e inversiones, la industria forestal no se iba a quedar de brazos cruzados, así que se ha reinventado la madera melina como producto aserrado, materia prima para mueblería y postes rollizos.

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